Luis Jiménez Martos
Biografía y obra

Molino de Martos (1985)

(Selección de poemas)

LLEGADA

(Orilla del Guadalquivir, Córdoba)

Aquí llegué. Mi aliento traigo a cuestas
a este molino que ya no es de nadie.

Ahora me llamo Nadie como Ulises,
mas no puedo engañar a ningún monstruo.

Lejos se quedan olas y ruidos.
Mi corazón es agua bajo piedra.
El río trae oscuros sus secretos. 
Un gorrión está balanceándose
en las altas anillas de la aurora.

Detrás de mí hay muros que mantienen
su espesura agredida y orgullosa.

Y si no tienes nada, ya es bastante.
La desnudez entera se me cumple.
Tengo mi patrimonio en luz medido
Tanta cosecha sin gavilladores.

El jordán del otoño junto al puente
y rosas amarillas en las grietas.

Me alimento del arca de los años.
La llave es aquel sino de alegría.
Tiemblo y retiemblo al abrir las sombras.  

CIUDAD DE NACIMIENTO

Llego como a una fuente
en la que hundir los ojos y las manos,
y me doy al andar
por una luz más lenta que el sonido.

Abre cada retorno
sus brazos. Tú dormida
en yácigas ocultas de la yedra.

Madre del tiempo,
aun en las sombras tienes hogueras encantadas.

Cumpliste enteramente las edades
e incluso las repites.

Eres suma espesísisma y que jamás se cierra.
Vuélveme, carne, al sitio de la cuna,
al Sur del corazón.

Tus torres me levantan,
y en mi piel se dibuja una sierra de azules,
y el recuerdo es el ojo de un defínpor el que pasa el mar,
Tobías que también sube 
hasta los miradores arcangélicos.

Soy gota de tu río,
un presente que cruza hasta remota orilla
para volver bañado en las reencarnaciones.

Despides un aliento
desde los mostradores olorosos del vino,
y en los patios
de la flor comunal,
y en aquellos de nieve prisionera.
¿Qué me das si te entrego la memoria?
Solo pido una tarde de verano libremente elegida.
Ofrécemela intacta.
Tú no la necesitas.
Hiciste del olvido un firme burladero
donde chocan furores temporales.
Al fondo de tus rojas mordeduras
el orgullo de todos y ninguno.
Suenan en ti mis pasos
¡ay! engañosa posesión. 
Seguirás,
seguirás
vigilia en las almenas
y por los laberintos de las cales
y el enceguecimiento feliz de las estatuas,
amasada en el horno del silencio
y fija en una hora sin reloj.

Pero los rostros...
los rostros que ya tienen su destino de lápida.

Sólo aquí el tiempo es mío.
Sólo aquí es familiar el cauce que saludo.

Sólo aquí reconozco su mapa transeúnte.
Sólo aquí sé reunir mis pertenencias.
Vas y viene,
ola de luz, 
ola de sombra.
Se me lustran los ojos de tus ojos.
Adivino doncellas que te vieron doncella.

Déjame
que pulse tus guitarras enmohecidas
y acogido a tu nombre
sepa cómo estar vivo
es resistir cambiando.
Tú permanecerás desafiadora,
herida, pero en pie.
Escucho tu corriente
y abrazándote borro
tanta oculta ceniza.

Mi amor no se desgasta con tu piedra. 

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De esta puerta sellada ahora tengo la llave
y la guardo en mi boca.

Voy por la galería que conduce a una muerte
temporal de los labios.

Su tú callas, el mundo retrocede al momento
en que no había nacido.

A ti te reconstruyes asentado en la ausencia,
y su bodón se oye.

Avanzando percibes que hay paredes desnudas
de las que brota el agua.

Por la piel se extiende una murallería 
que resiste invasiones.

Pareces nave quieta, candelabro sin luces,
viña bien exprimida.

Pero así, sumergido, borrosos los relojes,
lates más claramente.

Es tu claro del bosque, tu círculo, tu ara
para oficiar a solas.

Arrojas a los perros la voz decapitada,
aunque asome a los ojos.

Y esperas unos pasos, un pretil, una lluvia, 
una hoja que caiga.

No deseas despertar a quien tan cerca yace,
tan cerca de ti mismo.

Dios calla porque así sólo sería posible
que oyese a la vez todo.

El silencio cogido de la mano te lleve
adonde El otorga su palabra. 

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Puede que diga verde y sea amarillo,
y el pintor de los ojos no descansa.

El mar se me aparece
sin que tenga que ir hacia su orilla.

Sorbo abriles
entre los soportales de la lluvia.

Equivoco los nombres, traspapelo
caras y direcciones, que se agolpan
en esa estantería de olvidado.

Pero el amor no puedo confundirlo,
porque eres tú
desde un junio relámpago del Corpus.

Trajiste la certeza.
Hasta entonces yo tuve una girándola
continua por costumbre.

Hundí todas mis dudas en tu boca,
me arrojé a tu volcán
y supe que es posible vivir bajo la tierra sin quemarse.

Eres el Sur,
la memoria de Córdoba con su coro de vísperas,
aquel alumbramiento rotundo de Sevilla,
el bosque de Granada susurrándonos,
la noche malagueña junto a olas de invierno.

Digo Sur en el Norte, el Este y el Oeste,
pues estoy a tu lado, 
cardinal respirante.

No puedo confundirme.
Y al Sur me iré,
tiene que ser al Sur
cuando me muera.

INVENTARIO

Tu nombre de relámpago y columna.
Las voces de mis padres y mis hijos.
Adioses de la luz por los cristales.
La luna del pinar en Monte Altillo.
El Sur caleidoscópio de raíces.
Cintura de la mar inaprehendida.
Fábula de Madrid tan verdadera.
Un café de Montmatre: ¡sírvanme tiempo!
Silos de nieve, noche y canto llano.
Reunión de brujas nubes hacia América.
El aire asustador de Buenos Aires.
Un árbol que planté, muerto en la infancia.
Un bosque de papeles. Ahí me escondo.
El humo del tabaco compañía.
Aun sabiendo el final creo en la sorpresa.

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Guadalquivir,
que siga la aventura 
de tu Sur desangrado.

No me ofrezcas naranjas
ni pueblos barandales
ni torres que te esperan.

Yo soy mi propio mar.
Y no lo olvido.