Luis Jiménez Martos
Biografía y obra

Madre de mi ceniza (1982)


MADRE DE MI CENIZA

(Fragmentos)


Es de noche
y otoño
apenas si nacido,
cuando una voz cortante que llama desde el Sur
elimina el preámbulo y golpea:
                                           Tu madre ha muerto,
muerto,
muerto,
abre un boquete
pavoroso en la sombra
madejada de cables,
kilómetros que tiemblan.
                                          Ha muerto.
Cae un bosque
con sangre del hachazo.

Ojos y oídos
se resisten
                           furiosos,
                                          a la verdad escuchada.
Escombrera de gritos.
Derrumbe de la luz.
Las paredes del cuerpo 
                                          ya crujen ateridas.
Un cristal destrozado.
Un mar que se detiene. 
                                          No.
                                          No.
                                          No.
La certidumbre
es lunar agujero que cubrir enseguida.
                                          Hay que esconderla,
devolver a su origen esta sombra creciente.
Zumba de confusión.
                                           Súbito terraplén.
Clavos que arden.
                                           Palabras invisibles
habrá donde su nombre es ya tendido.
Pero ver es creer,
y la mirada
se libra del naufragio,
aún es virgen,
                             alienta
entre las crispaciones.
                             Ha muerto.
                                            Permanece
sonando mientras se hunde lo demás.
                                            Ha muerto.
Una chicharra
                            hunde su berbiquí en los sentidos.
El Sur es lejanía,
temblores de una boca.
                            Tu madre ha muerto.
Expande
                             la realidad este anuncio.
Inútil sofocarla.
Aunque ver es creer
persiste tenazmente.
                             Ha muerto.
Cerradura
implacable.
               No.
               No.
               No.
Multiplicada.
                             Y estas palabras sólo
                                            Tu madre ha muerto
trazan 
la frontera del tiempo y de la vida.

Luna de la meseta que nos sigue,
camino que se emprende a corazón rodante.
Un claror pasa y pasa,
llanura sucesiva del ahnelo.

Hablar es distraer el golpe recibido,
eludir esa siembra de cristales.

Hay palabras que huyen
del centro agitador de la tormenta.

Campos de viñas,
pueblos, ánimas que susurran,
fría alucinación de nombres familiares.

Porque yo os conocía
de ir y volver,
de ir y volver a un rostro y a un acento,
para que nunca nunca se empañaran.

Y me traía
un nido de aire,
pequeñas piedrecillas de su voz,
algunas ramas de árbol ya crujido.

El tiempo de su rostro
era el tiempo sin más,
con arrugas a las que derrotaba una sonrisa.

Pero ahora no es siempre.
Los espectros nocturnos han ido rodeándonos.
La soledad se acuesta y mide anunciaciones.

Horadamos a prisa el gran silencio,
piel de la madrugada va rasgándose
y el mundo se hace palma de relente.

Nos empuja el otoño que acaba de empezar.
La muerte va escondida
y es el envite que nos acompaña
con faros potentísimos.

Suena un soplo ronco y devorante.
Aunque nadie lo diga
mantenemos la fe en el imposible.

¿Quién se atreve a mentar el fuego ya apagado?
¿Quién rompería el cristal que nos separa
del aire loco?
                            Acelerar.
                            No acelerar.
.......

....He huido,
                             madre,
de tu rostro último,
de esa extraña quietud,
semilla que se pudre.
No seré yo testigo 
del tiempo que devora,
estando tú indefensa,
que muerte es no poder
resistirse al empuje 
                             de una invasión callada.
Echaron tu barrera.
Te han guardado los ojos,
y, sin ellos,
                           ¿qué eres?
Las engañosas flores te rodean
y respiran, 
              no tú.
Quedas distante
                           como están las raíces
                           de la punta del viento.

.....

....Ayudadme
                           ayudadme
para que pueda hacerla gesto y voz.
Hablemos de ella tanto
                                           que parezca inventada.

Yo quisiera reunir las aguas de tu arroyo,
darle aire a las aspas de aquel molino joven
que fuiste cuando cantabas y reías.

Desafiadora,
dispuesta a que no hubiese silencio en torno tuyo,
a que nadie ante ti
permaneciese ajeno y enclaustrado.

Dormir cuando hay un muerto es imitarle
en su misma postura
para que se nos quite el miedo que desprende.

....

....Pastor de sombras soy
que gime ante su oveja destrozada.

Ya no es tu madre.
                             No debías entrar.
El lobo de la muerte
                              multiplica sus trazos.
Retrocedo.

Última cobardía
ante esta visión transfigurante
y duradera hasta el fin de mí mismo.
¿Dánde tu rostro, dónde?
Ay, carne
caricatura, 
para que al estupor
del perecer
otro estupor se añada.

Ay, carne
goteadora,
ay, desembocadura, 
barco en el varadero,
anunciación del barrio más sombrío
                                            Ya no es tu madre.

De esa inmanencia huyo,
pues está persiguiéndome toda la realidad.
Tu muerte me golpea
y, a fuerza de tundirme, soy espuma,
soy, al fin, un cansancio que se entrega,
amputación y despedida.
                                           Ya no es tu madre.

Pero aún pesa aquí, terriblemente,
como tierra agarrada a sus raíces.
Cada muerto acumula 
asombro del horror
cada muerto tropieza
con un glaciar errante,
dispuesto sin cansancio a transmitir su soplo.

Tú me tuviste en la niñez
                                          a punto
de que mi cuna se quedara inmóvil,
y esa historia de angustia y salvación
me dejaría una huella de jactancia.

Pero ahora sí,
              definitivamente,
              sí.

No hay duda de que eres
tiempo que echa el cerrojo a una cancela,
patio de una clausura,
y por mucho que llame
                            no habrán de responderme.

Si ella iba ante mí,
si he flotado en su cuerpo,
que ya es tuyo
¿cómo ignorar que un día
vengas,
               muerte, 
                           a sellarme?

......

Te despides del tiempo que se anuda
en el rito y temblor de los suspiros.
Lo que dejas aquí es tu mañana.

Ha llegado la hora de rendirte,
aunque siga tu charla en la camilla
mientras suena la lluvia del misterio.

Morir es un transplante de osamentas,
un olor transmutado en el mantillo,
una espera invisible y desnudada.

Vivirte desde hoy tibia ceguera,
costumbre lazarilla, claro luto,
hueso en la sombra, luz para después.

OH MADRE MANATIAL DE MI CENIZA